El tacto

Le gusta tocar aquello que la rodea.

Averiguar el contorno de la unión de átomos presentes entre la nada y ella, su forma, su textura, sus recuerdos y sus sueños…

No importa si hay sangre recorriendo la estructura, siempre hay vida recorrida.

Disfruta del tacto.

Disfruta de la piel sin distancia, caminando por sus días pasados impresos en su envoltura, vagando por sus emociones vibrantes en su dermis.

El calor de su piel contra su piel, el roce de otras fantasías con las suyas. La cercanía del silencio compartido expresando a través del roce.

A veces, ansía la proximidad de unas manos buscando su cubierta emoción transparente, su recorrido afectivo sensible a otras destrezas.

Quiere el encuentro de dos lenguas que se rozan, que se saben tacto y se sienten gusto. Que no entienden de tiempos, solo de espacio. El espacio del recuerdo de la cavidad compartida, del deseo descubierto cubiertas una por la otra.

Quiere la lucha de dos cuerpos, sin pautas ni destino. Solo la emoción de saberse dueño de uno ansiando a otro.

Quiere entender que hay pieles dueñas de necesidades distantes. Que mientras una piel necesita su fondo, a veces, su fondo necesita otro tacto.

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